Redactor Prensa | El Ibaguereño
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| 2019/04/15

La autolesión no suicida se define como el daño autoinflingido (a sí mismo) de forma intencional a la superficie del cuerpo sin intención suicida, utilizada habitualmente para reducir la angustia y se considera que afecta actualmente a cerca del 10% de los jóvenes. Los métodos que comúnmente se ven es el corte de la piel de las extremidades (también llamado “cutting”), arañarse, golpearse, tallarse o excoriarse. Este tipo de comportamientos pueden disminuir los pensamientos o sentimientos negativos o por el contrario, se pueden experimentar sentimientos positivos como sensación de estar vivo; como también puede ocurrir que busca llamar la atención o comunicar un mensaje, o solo es una forma de escapar del malestar producido por algunos eventos del entorno. Otro punto fundamental al momento de evaluar estos adolescentes es el abanico de síntomas que los rodean y los perfiles de la organización de personalidad que crean dificultad para definir la intención y así poder comprender el fenómeno en un momento determinado.  

A partir de lo anterior, una de las principales inquietudes que siempre ha existido es definir si esta conducta tiene relación con el suicidio; algunos creen que es un método para mantener la vida al regular las emociones negativas, mientras que otros argumentan que más bien, lleva a la aparición de las ideas de suicidio. Según los relatos de muchos adolescentes, ellos tienden a imaginar la muerte durante el acto y así no la deseen, sí intentan darle un significado al acto de una u otra manera a través de ella.

Dentro de la población con antecedente de cortes o autolesiones no suicidas, el 70% ha intentado suicidarse al menos una vez y el 30% en varias ocasiones; el riesgo de suicidio es mayor durante los primeros seis meses después de un episodio de autolesión y tiende a caer más adelante. Estas lesiones plantean problemas desde su identificación hasta su abordaje debido a dificultades con el acceso y la oportunidad a los servicios de salud; el 50% no busca ayuda alguna, el 30% contacta a los psicólogos o a los trabajadores sociales y, solo el 20% solicita tratamiento médico. De esta manera, es un gran desafío atender estas conductas porque son heterogéneas, no se cuenta con personas entrenadas en el campo y están sesgadas por estereotipos.

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Existen diversos factores predisponentes y precipitantes, como la presencia de algún trastorno psiquiátrico, como depresión y ansiedad; la historia de abuso sexual o violencia física, las adicciones, el bullying y la disfunción familiar, entendido como el abandono y el rechazo de los padres o la falta de atención a las necesidades del adolescente. La población más afectada está entre los 13 y los 15 años y su prevalencia declina hacia la adultez. Las niñas se cortan más y los niños tienden a golpearse contra una pared.

Los comportamientos autolesivos no suicidas que se asocian altamente con actos suicidas cumplen las siguientes características: duración superior a un año, mayor número de métodos utilizados, cortes, alta frecuencia de eventos autolesivos, ausencia de dolor físico durante el acto, daño físico severo, fuerte intención consciente de morir  y el ocultamiento de la acción. Es necesario evaluar determinar estas características para precisar la gravedad de cada situación. Así mismo, algunos autores argumentan que las autolesiones serían un factor protector contra el suicidio, apoyados en el modelo anti-suicidio, pero sin importar la perspectiva, lo que sí se define en la práctica clínica es que se convierten en actos de microsucidio que crean una expectativa de control del sufrimiento o de la muerte.

Otro fenómeno que se ha tenido en cuenta es el contagio social, que sugiere que este comportamiento podría estar influenciado por el contacto con amigos, personas cercanas, compañeros de colegio y exposición al Internet y se mantienen, de acuerdo con la forma de ser de cada individuo. En cuanto a los medios audiovisuales, el uso de Internet y las redes sociales ha tenido un creciente interés. Se demostró que los términos relacionados con conductas autolesivas se buscaron 42 millones de veces por año en Google, los 100 mejores videos de YouTube con contenido sobre autolesiones fueron vistos por más de dos millones de veces, con un 90% de videos que muestran fotografías de personas con autolesiones y el 28% de videos de personas que se muestran mientras ejecutan la acción.

Respecto al tratamiento hay una evidencia creciente de la efectividad de la psicoterapia, pero en términos generales, el manejo debe incluir la identificación de factores que originan y perpetúan las autolesiones, buscar conductas alternativas a las autolesiones, estrategias de resolución de conflictos y el cumplimiento del tratamiento de las enfermedades comórbidas. No existe un medicamento que haya demostrado evidencia para crear recomendación.

De acuerdo con lo anterior, la intención es central pero a la vez muy difícil de determinar en cualquier situación y de ahí surge la pregunta: “¿cuál es el significado de la muerte para los adolescentes?”. Ante esto, se debe analizar la representación de la propia muerte a esa edad, porque la adolescencia, siendo un periodo de transición biológica y social, comprende también el desarrollo de la conciencia sobre la muerte; es así entonces que, la mentalización se vuelve fundamental, entendida como la capacidad de entenderse uno mismo y entender a los demás, que se forma al deducir los estados mentales que subyacen a un comportamiento, a sus pensamientos, creencias, motivaciones y metas. Esta capacidad es decisiva para cuestionar el propio estado mental y precisamente sobre ésta se debe trabajar con el objetivo de ayudar a los adolescentes a construir y encontrar de una manera más fácil y adaptable el significado de sus experiencias.

Finalmente, las autolesiones no suicidas permiten ver claramente una respuesta “maladaptativa” de los adolescentes a diversas situaciones que no siempre constituyen eventos verdaderamente amenazantes, sino que pueden tratarse de eventos cotidianos para los que ellos no tienen una organización de personalidad sólida que les permita responder de una manera apropiada y sin causar efectos nocivos sobre su mismo cuerpo; sus causas o disparadores tienden a constituirse como un real problema de salud pública pues cada vez más cualquier comunidad expresa su preocupación por el tema y de ahí, el afán de ahondar en el estudio de estas prácticas que aunque se definan como no suicidas, tienen una clara relación con la idea de muerte y siempre terminarán siendo entendidas como un factor de riesgo para el suicidio y, es por esa razón que a estas conductas no se les debe restar atención y sin importar si es por contagio social o necesidad por un verdadero sufrimiento emocional, cuando aparezcan se debe establecer un plan de abordaje y seguimiento que evite llegar al suicidio.

Jessica Lizeth Benavides Campos

Médico Psiquiatra U. Javeriana

E.S.E Hospital Especializado Granja Integral