Juan José Garavito | El Ibaguereño
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El Ibaguereño visitó la feria junto a otros medios por cortesía de la Secretaría de Cultura del Tolima y aparte de exaltar a los autores tolimenses que expondrán sus libros en España en el mes de junio, también hizo un balance general de “lo bueno, lo malo y lo feo” de la tradicional exhibición.

La feria a grandes rasgos

Con 23 pabellones dedicados a la cultura literaria no sólo de las diferentes regiones del país, sino de cada rincón del mundo, exaltando en esta ocasión como país invitado a Argentina. La FILBo cerró con 150 mesas en las que participaron 500 empresarios internacionales. organizada por la Cámara Colombiana del Libro y Corferias, fue el sitio donde todos los actores de la cadena del libro se dieron cita, consolidándola como el evento cultural más importante del país y la región.

Los pabellones incluyeron muestras literarias y gráficas de diferentes países, como también las ya conocidas muestras universitarias, donde los asistentes pudieron adquirir desde libros investigativos de los diferentes repositorios académicos del país, hasta enciclopedias enteras físicas y virtuales de cada alma máter. Tampoco faltaron los stands de las entidades gubernamentales y militares, como la Fuerza Aérea y la Armada Naval.  Por otro lado, los asistentes pudieron deleitarse con la presencia de cientos de editoriales, entre las que se resaltó la presencia de Pijao Editores, Caza de Libros y SE Pigmalión, co-artífices de la muestra de literatura colombiana en la Feria del Libro en España.

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Argentina, la gran protagonista

La tierra gaucha se tomó la feria con más de 90 profesionales entre autores, artistas y editores, entre los que se resaltaron Luis Pescetti, ganador de un Latin Grammy, Eduardo Sacheri, Autor de la aclamada novela “la pregunta de sus ojos” y Narda Lepes, representante de la gastronomía argentina y autora de “Comer y pasarla bien”, entre otros. Los 3000 mt2 del pabellón estuvieron dedicados a la enigmática tierra de Batistuta y en ellos pudieron verse manifestaciones lúdicas en su espacio en forma de cancha de fútbol, un abono a la historieta con la vida y obra de Fontanarrosa, un espectáculo musical a cargo de la orquesta de Ariel Ardit y un deleite culinario gracias a los platos más exquisitos de la cultura argentina. De igual manera, el cine y la fotografía no se quedaron atrás con el ciclo argentino del séptimo arte y la exposición de Daniel Mordzinski.

Minuto Uno

Lo Bueno

  • La logística de la Gobernación y del stand del Tolima fueron impecables; muestras musicales folclóricas acompañadas de una degustación gastronómica de los manjares representativos del departamento acompañaron la excelsa colección literaria de los autores pertenecientes a la musical y demás municipios tolimenses. El stand, además se encontraba brillantemente ubicado en el pabellón 6, uno de los más concurridos debido a que a su vez albergaba parte del pabellón de diseño gráfico y caricatura.El Ibaguereño | El Ibaguereño

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  • Esta vez se le dio un mayor espacio al tradicional pabellón del diseño gráfico y la caricatura, que estuvo ubicado en todo el segundo piso del pabellón 8 y en la mitad del segundo piso del pabellón 6. Los miles de visitantes de la feria que pagan su entrada por este pabellón principalmente, pudieron darse gusto con un área amplia y más organizada para mirar y comprar.
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  • Como gran incentivo a la lectura, en la mayoría de pabellones se pudo encontrar libros a muy bajos precios, lo que generó que cada visitante llevara en su bolsa de compras por lo menos un puñado de estos; las editoriales también aprovecharon la oportunidad para darse a conocer y buscar nuevas promesas de la literatura colombiana entre los asistentes, a quienes ofrecieron asesoría en lo referente a publicación de manuscritos.
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Lo malo

 

  • A pesar de los esfuerzos logísticos del staff de Corferias, el clima hizo imposible el disfrute pleno de la feria casi la mitad de los días que duró esta (a EL IBAGUEREÑO le tocó un día de diluvio bíblico), además el desnivel de la mayoría de zonas descubiertas del centro de convenciones bogotanos causó enormes charcos que se extendían por varios metros, dificultando el tránsito de los asistentes.
  • Pese a que hubo un gran reconocimiento para los autores tolimenses, el inicio tardío de la rueda de prensa causó que los últimos minutos se dedicaran a que los autores faltantes contaran “de volada” sobre las obras que representarían al país en España.
  • La cultura ciudadana también se rajó; pese a que Corferias contaba con múltiples contenedores de basura, era común ver botellas de plástico y envoltorios de todo tipo en pisos no sólo del exterior, sino del interior de los pabellones.
  • La señalización y orientación en esta edición de la FILBO fue poco menos que mediocre; tanto en la página web como por parte de los colaboradores en el interior de la misma feria faltó información sobre los stands concretos y las temáticas de cada pabellón.
  • Este año también se les dedicó demasiado espacio a las áreas comerciales de las editoriales y no el suficiente a las muestras de cultura de las regiones del país.

 

Lo Feo

  • Los amigos de lo ajeno se aprovecharon de la gran multitud que se movía en pabellones como el argentino y el de diseño gráfico y caricatura para hacer de las suyas; durante la visita se presentaron hurtos en varios stands de los pabellones más concurridos, lamentablemente no hubo capturas en estos casos.

 

Aun así, la FILBo se posicionó como el encuentro literario, comercial y cultural predilecto de Colombia; el escenario idóneo para que el asistente disfrute de un momento único para encontrarse con sus intereses culturales.

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El Ibaguereño agradece la logística prestada por la Secretaría de Cultura y la oportunidad de asistir a estos escenarios culturales de tan alto nivel, al tiempo que les recomienda vivir esta experiencia el próximo año.

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