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| 2017/10/04

¿Cómo un egresado del Colegio Tolimense que inicialmente demostraba una vocación natural para el deporte, terminó siendo el guitarrista de la banda Dafne Marahuntha? Esta es la historia de Francisco Martán, mejor conocido como Pacho, cuyo ciclo musical concluyó ejerciendo la docencia en el colegio Liceo Nacional.

Pese a que en un principio destacaba como uno de los mejores deportistas, las aulas del Colegio Tolimense fueron el escenario determinante para que Pacho empezara a labrarse una carrera musical. Su primer acercamiento artístico data de grado noveno, cuando inició sus talleres de guitarra clásica. Y experimentó varias críticas. Entre ellas, la de un destacado profesor de música quien le dijo que, lamentablemente, sus dedos eran demasiados cortos como para ser guitarrista. No triunfaría. Sin embargo, juicios como este no lo disuadieron de su cometido y formó una agrupación que con el transcurrir del tiempo adoptó el nombre de Laberinto. En la que cada quien asumió su rol en la banda y se consagró al instrumento por el que sentía mayor destreza. Bastó, pues, solo un año de disciplina empírica para recibir la exaltación de toda la comunidad escolar. E inclusive, algunas de sus presentaciones musicales se efectuaron en compañía de La Superestación, la emisora predilecta de la generación juvenil de los años 80 y 90. Fueron estas pequeñas manifestaciones de éxito las que auguraban un buen futuro para su vida artística.

Tras egresar y haber disuelto la banda, Ernesto Martán, padre de Pacho, le había sugerido estudiar Ingeniería Forestal pues él se había graduado bajo el mismo título universitario y dirigía su propia empresa de carpintería. Empresa, cuyo mando sería legado a Pacho. Él accedió. Y a los pocos días, sentado en un salón de clases, comprendió que realmente esa cuestión no iba con él. En consecuencia, fue a Bogotá a realizar algunos talleres musicales y retornó a Ibagué para reanudar sus clases en el Conservatorio. Lugar en el que, tras completar diez semestres, obtuvo su licenciatura en música.

Su primera clase en el Liceo Nacional ocurrió mientras estudiaba en el Conservatorio hacia la mitad de su licenciatura. Una amiga, lo contactó para que la relevara un par de días instruyendo a estudiantes de primaria en el colegio. Esos días, para su fortuna, trascendieron a nada más que cuatro años, en los que se vinculó directamente con la institución.

Mientras estudiaba y dictaba clases, fundó su segunda banda llamada 500 de Guineo. Con ella, participó en Ibagué Ciudad Rock. Festival, en el que conocería a otra agrupación como ellos, artistas de colegio, que también habían desarrollado una pasión por la música: Dafne Marahuntha. Tras concluir el evento, Pacho demostró gran interés por la banda al punto de convertirse en su roadie, es decir, aquel que brinda apoyo técnico en ensayos y presentaciones de un grupo musical. Esta relación, estableció un fuerte lazo de camaradería entre Pacho y Dafne que se fue consolidando cada vez más. Y en un momento dado, el guitarrista principal no pudo continuar con la banda y renunció, anunciando el ingreso oficial de Pacho en la agrupación. Fue este, el inicio de una gran carrera: pocos días después de su entrada a la banda, tuvo su primera presentación en el canal CityTV para luego, recibir la invitación nacional a Rock al Parque.

Pero ¿cómo llega Pacho a perfilarse como docente? Antes de Dafne y justo tras haberse graduado del Conservatorio, recibió una oferta laboral proveniente del Casanare con el agravante de aplicar para ser docente. Pacho, tenía prejuicios hacia la pedagogía pese a que previamente había dado clases. Sin embargo, tomó el riesgo. Y contra todo pronóstico, el director del proyecto lo instruyó en el camino de la docencia ávidamente, de manera que le inspiró un amor ciego e impetuoso hacia la enseñanza de la música. La vocación descubierta, fue inmediatamente incorporada a su proyecto de vida que siempre ha tenido por norte, la música. “La experiencia, debe enseñarse para que haya tradición” afirma con plena convicción. Y es bajo esta premisa, que vuelve a Ibagué para vincularse con el Liceo Nacional. Para legar todo su bagaje musical. Y al que proyecta convertir en liceo musical.

  


Nota realizada por Juan Esteban Leguizamo Remolina, publicada originalmente en El Anzuelo Medios

 

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