María del Rosario Laverde trabaja como correctora de la revista Semana. Crédito: Esteban Vega | El Ibaguereño
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| 2018/01/24

Me duele la garganta, mis amigdalas tienen un tamaño descomunal, no puedo pasarme un vaso de agua, casi no he podido dormir, pero soy muy feliz. Esta semana entré al mundo del teletrabajo. He pasado mis primeros tres días sin busetas, sin trancones, sin corrientazos, sin tinto callejero, sin mecato, sin ruido, sin ascensor, sin carreras, sin salidas tarde.

Esto no es ninguna novedad en el mundo empresarial moderno para aquellos que pueden realizar tareas remotas pero todavía hay jefes que prefieren ver a sus empleados sentados en la oficina produciendo horas nalgas antes que pensar en optimizar sus condiciones y de paso sus resultados.

Por supuesto también hay un gran número de trabajos que seguirán requiriendo una presencia permanente de quien los desempeña y no es que el estado ideal sea encerrarse en casa para jamás volver a salir, pero sí deberían considerarse opciones de cambios de rutina que mantengan felices a los empleados.

Aún no puedo dimensionar de qué tamaño será el ahorro que obtendré pero sí estoy agradecida de no haber tenido que sacar a pasear mi amigdalitis ni de haberle sumado tiempo al que ya he perdido colgando de un bus apretando con fuerza mis bolsillos para que no me vayan a sacar el celular o la plata. Estoy en casa, y me gusta.

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María del Rosario Laverde actualmente es correctora de estilo de la revista SEMANA. Es autora de los libros Condición de Forastera y Memoria de Jirafa.