María del Rosario Laverde trabaja como correctora de la revista Semana. Crédito: Esteban Vega | El Ibaguereño
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| 2018/01/15
No me imaginé que seríamos amiguísimas, pero lo fuimos de inmediato y lo somos. Ella es una médica pediatra en Venezuela a la que le ha tocado recurrir al ingenio para recetar a sus pacientes  remedios que puedan conseguir sus mamás.
Se ha topado con enfermedades que la medicina creía erradicadas como tuberculosis y paludismo, y que ella conocía solo en textos académicos.

Todas las semanas intercambiamos uno o varios mensajes por WhatsApp, ella me cuenta cómo esta vez tampoco consiguió harina o cuánto costó una pieza insignificante para reparar su carro, pero en su voz siempre hay dulzura y optimismo. Yo no soy como ella, me preocupo montones, me derrumbo seguido y espero que todo empeore.

El sábado anterior la busqué para compartirle de un resultado médico poco favorable que recibí y ella me contó que venía de su trabajo de voluntaria de los sábados en un lugar que atraviesa condiciones peores a las de su cotidianidad, donde hay familias de escasísimos recursos, cero educación y montones de hijos. Se tomó unos minutos para aterrizar en su casa y luego estuvo dispuesta a oír mis quejas. Esta vez no pude quejarme con la misma intensidad que acostumbro, ella me habló de madres con 12 hijos, de analfabetismo, de homicidios, y su voz seguía siendo dulce y serena.

Este es un mínimo reconocimiento a alguien que admiro y quiero. Los invito a mirar a su alrededor y reconocer los héroes que los rodean, estoy segura de que todos tienen uno y quizás no lo han notado. Díganles lo valiosos que son.

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