Luis Felipe Carvajal Cruz, conductor de transporte público urbano.
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| 2019/03/07

Esta es la historia de Luis Felipe Carvajal, un ibaguereño nacido en un barrio popular que se gana la vida y mantiene a su familia conduciendo una de las 779 busetas de transporte público que recorren las calles de la ciudad.

Luis Felipe Carvajal Cruz, de 29 años, no es el típico conductor de buseta gordo y viejo como muchos lo creerían. Al contrario, es más bien un hombre joven, de cabello corto que siempre sonríe cuando habla. Además de su nariz aguileña, posee una sonrisa que se asoma cada vez que frena en un semáforo, sonrisa que sus compañeros ven por la pequeña ventana de piloto.

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Luis Felipe Carvajal Cruz, conductor de transporte público urbano.

En su lugar de trabajo hay tres sillas, dos en donde van el copiloto y algún otro acompañante, y la de él, que es un poco más grande, más cómoda, más acolchonada, desde donde cada cinco minutos gira el torso y con su mano derecha recibe lo del pasaje. Que ahora cuesta $1.800.

Como cualquier funcionario con oficina, Pipe también tiene una foto de su familia a la vista de todos. En una tabla que tiene al frente lleva estampada la imagen en donde sale con Jesús Carvajal Jiménez, su hijo, y Xiomara Jiménez Lozano, su esposa. Además, como todo padre orgulloso, también cuelga un dibujo de croquis gris pintado encima con trazos fuertes de un color en madera.

Luis Felipe Carvajal es conductor de una buseta en Ibagué, un ingeniero del volante que recorre a diario la Capital Musical transportando cientos de hombres y mujeres como él, personas hechas en un barrio, que a diario le dedican entre ocho y diez horas de su vida al trabajo que les da para sacar adelante a sus familias. En este caso, un hijo y una esposa.

Redactor Prensa | El Ibaguereño Fotografía: Juan Pablo Molina

De lo que recoge en cada pasaje, Luis Felipe se lleva $100 para su casa. Esto le ha alcanzado para lograr construir el segundo piso de la casa en donde vive con sus suegros. Eso sí, ellos en el primero y, Luis Felipe y su familia, en el segundo.

Luis Felipe se conoce la comuna Ocho de ‘pie a pá´, y dice que recorría las calles del barrio Nueva Castilla cuando las casas eran apenas potreros. Carvajal llegó a manejar buseta gracias a la recomendación que le dio un primo. “Antes me dedicaba a la rusa, pero eso era un trabajo muy muy duro, yo quería manejar buseta y gracias a mi primo y al patrón hoy lo estoy haciendo”, agrega.

Redactor Prensa | El Ibaguereño Fotografía: Juan Pablo Molina

Su día a día

Conducir buseta en Ibagué no es algo fácil, recoger y dejar pasajeros no es algo simple. Primero, hay que despertar muy temprano, luego, llenarse de valor para no dejar que las amarguras y el afán de los pasajeros se pasen a la cabina. “A veces la gente se enoja porque no los dejo sentar en este lado, pero es que hay momentos en el que uno les huele la amargura desde que se suben, entonces les digo que no es permitido”.

Detener el autobús, abrir la puerta trasera, arrancarlo de nuevo, recibir el billete de $2.000 o de $20.000, volver al parabrisas y ver que no haya una anciana o una mascota cruzando la calle, luego, con la mano derecha intentar sacar en monedas las devueltas del billete que pudo ser de $50.000, adivinar sigilosamente en dónde están las monedas de $100, $200 y $500. Además de esto y al mismo tiempo, Pipe debe estar atento al volante, y repetir este proceso en cada semáforo o cada 15 metros, en ocasiones sin unos ‘buenos días’, sin unas ‘buenas tardes’, y uno que otro ‘madrazo’. “¿Y es que no puede ir más rápido señor?”, a veces le dicen o le gritan.

De política no ‘come’ mucho. Sabe que la realidad por la cual él se transporta en su buseta es distinta a la que le muestran en los canales de televisión, si acaso se informa a través de las emisoras, porque ni del Q’hubo, ya que tanta sangre no le gusta.

Luis Felipe es más bien un hombre tranquilo, que se dedica a intentar hacer mejor lo que a diario hace. Además, es consciente de que, si se cambia el modelo de transporte público en Ibagué a un Sistema Estratégico de Transporte Público, es algo que mejoraría incluso sus condiciones laborales, menos horas de trabajo, más garantías y prestaciones.

“Me han dejado zapatos, ropa, y hasta bolsas de basura hermano, imagínese, ¿Quién sube y deja una bolsa de basura en una buseta?”, pregunta mientras intenta pensar en qué ha sido lo más extraño que le ha ocurrido en su trabajo.

Redactor Prensa | El Ibaguereño Fotografía: Juan Pablo Molina

Dentro de sus otras historias está la de cuando hace unos años, detuvo la buseta al notar a través del espejo retrovisor que con el ‘cosquilleo’ le habían robado el celular a una de sus pasajeras: “Lo que hice fue cerrar la puerta de atrás, me paré y les dije: o le devuelven el celular a la señorita o arranco y terminamos en una estación de Policía. Y como al final no quisieron devolverlo, pues eso fue lo que me tocó hacer, hasta salí en las noticias”, cuenta entusiasmado, sonríe, y sigue conduciendo.

Y es que conducir buseta posiblemente sea uno de los trabajos menos valorados, no hay romanticismo empresarial en el tener que ver en los rostros de docenas de pasajeros miles y miles de problemas. Ya Luis Felipe tiene con los suyos, y aunque el conductor es él, no le cuesta reconocer la falta de cultura ciudadana en sus transportados.

“Se supone que la educación es de ellos, pero al final, la paciencia nos pertenece a nosotros. A nuestro gremio”, concluye.

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