Parque de la Música de Ibagué, foto: Alcaldía. | EL IBAGUEREÑO
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| 2018/04/18

Fue la segunda mejor ciudad para hacer negocios por allá en el 2010; disminuyó su tasa de desempleo por allá en el 2014; tuvo un proceso vertiginoso de expansión estructural e inmobiliaria que, contrario a lo que muchos pronosticaron, no ha explotado como las reconocidas burbujas en otros sectores económicos a lo largo de la historia; además gozó de una inyección de presupuesto en la malla vial que la conecta con la capital y varias ciudades intermedio más en el centro del país. Por estos aspectos Ibagué se ganó su proclamación como “un buen vividero en Colombia”.

Empecemos por lo obvio: aquí tenemos clJuan José Garavito | El Ibaguereñoaro que hay asuntos en mal estado (principalmente la cultura ciudadana ibaguereña) y que hay mucho que se puede mejorar (o por lo menos empezar, como la reconstrucción de las piscinas olímpicas) en la actualidad; el crecimiento acelerado de unos sectores ha forzado a otros a crecer de la misma manera, lo que no siempre ha terminado bien y ha generado pequeñas recesiones en diferentes frentes económicos de la ciudad, como el turismo, el comercio e inclusive la movilidad.

Aun así, la innegable facilidad logística y económica que representa vivir en Ibagué ha llegado hasta más allá de las cordilleras y ha atraído las miradas de colombianos en ambos extremos del país, muchos de ellos consideran nuestra ciudad un lugar agradable para adquirir vivienda de descanso, trasladar a la familia o inclusive, para pasar los años de jubilación. Nos llenamos de rolos, paisas, vallunos, es innegable que en Ibagué todo es más fácil que en otras ciudades todo es más cerca, la mayoría es barato, el clima es innegable, etc.

Ibagué movió el año pasado más de un billón de pesos en proyectos habitacionales a lo largo y ancho de la ciudad, con la llegada de nuevas constructoras foráneas y la consolidación de las locales, que han entregado satisfactoriamente más de 10.000 unidades de vivienda de diferentes estratos (incluyendo VIS y VIP subsidiada) y en diferentes zonas de la ciudad. Un ejemplo de esto es la calle 60, que pasó de una avenida bordeada por extensos lotes vacíos a un corredor comercial con restaurantes, centros comerciales, hoteles y exclusivos conjuntos residenciales, ganándose por esto el calificativo de “la milla de oro”.

Otros sectores de la ciudad que experimentaron esta transformación fueron barrios como Belén, La Pola, Los Mandarinos, Picaleña, El Salado, Parrales y Varsovia, entre otros. Como resultado, antiguas zonas que eran consideradas meramente industriales o rurales han hecho una gran transición a lo urbano y en algunos casos a lo comercial.

Juan José Garavito | El Ibaguereño

Casos puntuales como las etapas Gualanday, Yarumo, Totumo y Payandé del proyecto habitacional Arboleda del Campestre, ubicado en la glorieta de la Casa de la Moneda y perteneciente a la constructora Bolívar, demuestran dicho proceso de urbanización; otros casos como los complejos residenciales vía Boquerón también demuestran la intención de reactivar económicamente zonas consideradas “muertas” antes; adyacente a esto, se están desarrollando decenas de nuevos proyectos en el sector de El Salado y las Ferias.

Grandes proyectos de gigantes como Prabyc Ingenieros también hicieron su parte en la optimización de la vivienda y la salud de Ibagué; la revolucionaria clínica Medicádiz inició una nueva era en medicina de alto nivel en el Tolima y su proyecto Hacienda el Bosque promete cambiar los estándares de diseño en la zona y reactivar comercialmente todo el sector de la Gaviota. También barrios como Varsovia y Hacienda Piedra Pintada, antes confinados entre la Avenida Industrial y la carrera Quinta y separados por un área insegura, empiezan a abrirse a nuevos complejos residenciales como el torreón de Varsovia, que promete una nueva visión de confort y lujo con sus diseños.

Pese a que la ciudad pasó por etapas difíciles para su imagen como el bochornoso caso de los Escenarios Deportivos y el millonario desfalco económico y social que esto representó ante el país y los inversionistas extranjeros, Ibagué ha logrado mantenerse en una constante de crecimiento, principalmente estructural, que en ocasiones deja atrás a la economía de la ciudad, una economía que no puede sostener grandes iniciativas comerciales nuevas debido al bajo poder adquisitivo del ciudadano promedio. Así pues, Ibagué termina dependiendo en gran medida de la inyección monetaria que aportan quienes compran vivienda de veraneo en la ciudad y la toman como un destino de escapadas para un fin de semana.

Por otro lado, además de la urbanización, Ibagué ha hecho grandes avances en la industria del entretenimiento y ocio, ofreciendo cada vez más opciones para el ciudadano promedio, desde las reconocidas canchas sintéticas, pasando por los cinemas y centros de acondicionamiento, hasta rutas ciclísticas y deportes extremos y de estrategia.

Esto ha logrado combatir el antiguo imaginario que rezaba “en Ibagué no hay nada que hacer” y ha abierto un nuevo abanico de posibilidades de negocio para los ibaguereños, que ya no sólo tienen que idear acuerdos que persigan los proyectos arquitectónicos en zonas vírgenes, sino que ahora pueden apostar por ideas nuevas de entretenimiento, cultura, gastronomía y ocio.

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