Especial multimedia sobre el antes y después. Fotos antiguas del Tolima | El Ibaguereño
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| 2018/04/21

Es mucho lo que se dice sobre el tiempo: que todo lo cura, que es lo más valioso que alguien pueda gastar, que es la única divisa de la vida, que es el alma de este mundo, que es el recurso más perecedero y hasta que es una ilusión; sea cual sea la realidad, o si son todas y ninguna a la vez, lo único cierto sobre el tiempo es que no se detiene por nada. O por nadie.

Sin embargo, donde más se puede ver este proceso es en las ciudades, donde cada año nuevos proyectos ven la luz y son erigidos, cambiando (en muchas ocasiones) el paisaje indefinidamente. Generaciones futuras que no podrían conocer el antes de la Capital Musical sino es por la memoria histórica y fotográfica.

EL IBAGUEREÑO salió a las calles de la musical y recorrió varias de sus vías representativas en el centro, las cuales reposan inamovibles desde décadas atrás y a pesar del paso inclemente de los años. Esta es una visión de cómo Ibagué ha cambiado desde sus años 20, 30, 40 y hasta 70, su evolución y la marcada diferencia que viene con el progreso de una sociedad pujante y transformadora.

[Deslice la línea entre las fotos y compare el paso del tiempo]

Aurora, vendedora de chicles, cigarrillos y pasabocas, recuerda con melancolía los domingos de oblea junto a su padre Emilio en la concurrida Plaza de Bolívar, justo después de salir de la misa dominical, a la cual asistían ataviados de sus mejores ropajes, pues en aquellos días la elegancia de la clase media se reservaba sólo para este día santo; “Mi padre siempre nos traía el domingo a escuchar la palabra de Dios a la catedral de donde salíamos directamente a comer unas obleas muy ricas que vendía una señora que se sentaba junto al palustre de la fuente; recuerdo que esa era mi recompensa por permanecer juiciosa durante el sermón” relata la comerciante informal, quien ahora tiene 78 años.

Raúl es un poco más joven, pero recuerda claramente cómo lucía el Parque Manuel Murillo Toro en la calle 11 allá en el año 69; no olvida el Mazda Luce blanco que solían parquear frente a lo que hoy en día es el Banco de la República, y cómo lo admiraba todos los días de camino al trabajo en el entonces recién inaugurado edificio de la Gobernación del Tolima, donde fue guardia de seguridad por varios años. Hoy, Raúl continúa trabajando en esa zona, pero ahora como propietario de un modesto local de fotocopias. “Antes en el centro no había tanta gente, ni tanto carro, ni tanto ruido; había gente que venía al Murillo a leer el diario sólo por lo calmado del ambiente. Hoy eso ya no se puede” asegura con la mirada perdida en la calle, casi como esperara que volvieran a parquear ese Mazda que tanto admiró cuando era joven.

Sin embargo, el progreso no sólo ha traído consigo la urbanización y modernización estructural de la ciudad, sino que también ha condenado a otras edificaciones otrora referentes arquitectónicos de la ciudad al olvido, a la desidia y al abandono; fachadas devastadas por la intemperie y la misma comercialización, que cambió belleza e imponencia por funcionalidad; hay edificios como el de la Curia, bajando por la carrera segunda a la altura de la plaza de Bolívar, que hoy día no conserva nada de su antigua elegancia.

En resumen, logramos ir al pasado para recordarles que no podemos olvidar nuestras raíces ni nuestra historia, en orden de no olvidar tampoco quiénes somos, de dónde vinimos y hacia dónde vamos. Como un buen ejercicio los invitamos a mirar las fotografías antiguas de la ciudad (las que pusimos nosotros y las que se nos pasaron también) , tratar de pararse justo donde se paró el fotógrafo de aquella época y sentir bajo su propia piel ese escalofrío que nos genera pensar en nuestra breve, pero sustanciosa estadía en este planeta.

 

Por Juan José Garavito, periodista El Ibaguereño.

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