Redactor Prensa | El Ibaguereño
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| 2019/04/01

Cuando somos padres y notamos que nuestros hijos empiezan a generar sus cambios físicos y a comportarse como chicos grandes, experimentamos un temor profundo porque sabemos que se está dando paso a una de las etapas más difíciles de afrontar, la “Temible Adolescencia”. Esta se caracteriza porque nuestros niños empiezan a tener grandes cambios en un periodo muy corto de tiempo.

¿Pero qué la hace tan traumática? Estos chicos quedan inmersos en una etapa en la cual ya no son niños que deben ser protegidos y guiados de la mano, pero tampoco son adultos plenamente responsables de sus actos, de hecho, hay muchas cosas de la cotidianidad que no entienden, sin contar los cambios en su cuerpo los cuales muchas veces no son de su agrado, esto ocasiona varios cuestionamientos que los hacen perder la cabeza.

Estas nuevas situaciones que se presentan en los adolescentes los llevan a hacer parte de escenarios para los que no están preparados, ya que no cuentan con la experiencia necesaria. Generalmente nuestros jóvenes siguen modelos de imitación adquiridos de la televisión, el internet o la observación de personas cercanas como hermanos o primos. (Modelos que generalmente son inadecuados debido a que son de personas mayores que demuestran comportamientos encaminados al consumo de alcohol, sexo y toma de decisiones apresuradas, entre otros).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS),

aunque la adolescencia es sinónimo de crecimiento excepcional y gran potencial, constituye también una etapa de riesgos considerables, durante la cual el contexto social puede tener una influencia determinante”.


https://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/adolescence/dev/es/

En esta etapa generalmente nuestros bebés ya no son fácilmente programables, no atienden reglas, muestran comportamientos agresivos, empiezan a vestir y hablar diferente, al menor comentario de sus padres o adultos se sienten altamente agredidos, y siempre muestran una posición a la defensiva, (se sienten perseguidos e incomprendidos). Es común que en esta etapa las relaciones familiares se conviertan en todo un caos donde los padres e hijos simbolizan los guerreros de una batalla interminable, en la cual ninguno tendrá oportunidad de ganar.

Primero que todo debemos empezar por no desesperarnos, la paciencia debe ser uno de nuestros aliados más fuertes para afrontar esta etapa de cambio en los adolescentes. Es importante que las dos partes (padres e hijos) tomen la posición del diálogo, e intenten seguir el sabio consejo de las abuelas, ponerse en los zapatos del otro, entablar comunicación donde se tenga la opción de iniciar resaltando lo positivo para evitar caer en el conflicto, ejemplo: hijo eres una persona muy inteligente y capaz de lograr las cosas, pero es importante que entiendas que es apresurado para salir de fiesta porque corres muchos riesgos.

Recuerde que en esta etapa la opinión de los demás es muy importante para nuestros jóvenes, su autoconcepto está ligado directamente con su interacción social y la familia es su espacio más cercano, es conveniente tener cuidado con el tono y las palabras que usamos, así como ser buen escucha (prestar atención a la versión que ellos tienen de las cosas), de esta manera disminuimos el “sermón”.

Si queremos hacer más fácil este camino es importante saber cómo se sienten nuestros adolescentes, de esta manera es mucho más fácil ayudarles a encontrar soluciones, ellos necesitan sentirse atendidos, escuchados, entendidos y de manera muy sutil guiados, siempre y cuando no les impongamos nuestros modelos. Recuerde que ellos están explorando su personalidad.

Educa con amor, es la mejor estrategia para mantener el hilo del respeto y la confianza entre padres e hijos”.

Gina Paola Parra

Psicóloga

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