Andrés Mora | El Ibaguereño
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Especial para El Ibaguereño

Nació y se crio en el mundo del circo, con una fuerza excepcional y unos valores que carga sobre sus hombros pasó más de 15 años en una vida llena de espectáculo y color, tanto así que nunca pensó que se retiraría de los escenarios ambulantes. Después de una oportunidad repentina, se convierte en un funcionario del Estado. Pero no cualquier funcionario, sino uno que instruye con su “sabrosura” y que, con actividades recreativas, impulsa a que los niños, jóvenes y adultos aprovechen su tiempo libre de una manera sana y con el toque de diversión que lo caracteriza.

Andrés Mora | El Ibaguereño

“En el circo, uno aprende de todo” dice sacando pecho de una manera orgullosa, como si en ese momento recordara cada una de sus hazañas como payaso, malabarista, trapecista, acróbata, y pulsador. ¡Adrenalina! le gustaba como esta recorría su cuerpo a través de sus venas. Esa fue la razón principal por la cual empezó a fijarse en funciones que requirieran mayor riesgo, para así sentir de nuevo esa hormona que segrega su organismo y lo llena de energía para realizar de manera excelente sus números.

Su compromiso con la excelencia no sólo se veía reflejado en las funciones que realizaba en el circo. Uno de sus compañeros de tarima, para ser más específico, su hermano Omar, con quien compartió la gran mayoría de escenarios, luces, maquillaje y trajes, siempre ha admirado a su hermano menor por cualidades como la dedicación y la responsabilidad; fortalezas que vio reflejadas en él desde que estaba en el circo. Esa responsabilidad y dedicación aún siguen patentes en las labores que desempeña en la actualidad, porque, así como lo recalcó varias veces de una manera muy firme, un buen trabajo se hace a base de concentración.

 “Porque sí usted no se concentra en el trabajo, sale haciendo una ridiculez, que a la gente o a la comunidad no le va a gustar” diceacomodándose sobre la silla de una manera más derecha y arrugando sus cejas. La concentración es su mayor arma para alcanzar sus logros, pero no sólo la utiliza en pro de esto, sino de algo mucho más grande… causar sonrisas.

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El ambiente de trabajo sin él no sería lo mismo, brinda esa chispa propia a esos extensos horarios de trabajo. “¡Ya llegó la sabrosura!” dicen sus compañeros mientras llega con su uniforme tarareando y bailando al ritmo de las canciones de salsa, las que tanto le recuerdan la tierra que lo vio nacer, Cali.

Si algo le gusta generar en el público y sus más cercanos, son sonrisas. Sí escucha una voz de auxilio, no demora en llegar para brindar ayuda, y su as bajo la manga son los consejos. Muchos de sus amigos llegaron incluso en tono burlesco a llamarlo “psicólogo” ya que era muy típico que de la nada se sentara al lado de ellos y soltara una palabra de aliento, que de alguna manera era precisa para la dificultad por la que estaban pasando.

“Si usted no trabaja en lo que es alegría, usted no va a tener una sonrisa. La alegría está en la sonrisa, y la sonrisa está en la felicidad”.

Durante las clases que dicta, recuerda lo importante que es estar feliz consigo mismo y con los demás, una lección que tuvo que aprender después de caer varias veces, a causa de las malas experiencias. Esas caídas fueron las que le enseñaron que no debía pagar mal con mal, porque lo único que hacía, era perjudicarse así mismo. “No debo responder como me tiren. No debo mirar cómo me miren. No debo hacer lo que me hacen. Yo mismo me dije, si me tiran una piedra, yo tiro una pluma. Sí me insultan, yo le digo “lo amo” el que me tenga rabia, voy y lo abrazo”.

Porque anteriormente, de sus maldades no se salvaba nadie, y los que lo conocían no dudaban en correr o esconderse, cuando en vez de adrenalina la rabia era la que corría por su cuerpo, tanto así que lo identificaban con ese pequeño personaje terrorífico de la ficción, Chucky.

Pero Chucky no era la única manera en que lo llamaban en el circo, actualmente las personas que lo conocen le dicen Topo Gigio, no por las grandes orejas que caracterizan a este personaje, sino por su baja estatura. Pero en el mundo del deporte, lo presentaban de otra manera. Subía los escalones, se acercaba a la tarima, y los reflectores se fijaban en un punto específico del escenario, él. El público se quedaba en silencio y a la expectativa, mientras que la voz que retumbaba por los parlantes decía: “Ahora viene con 80 kilos, medida de 1.24, Jeison Largo”. Estas eran las palabras del narrador antes de que Jeison saliera a la arena en el Campeonato Paralímpico 2018, categoría de 49 kilos de levantamiento de pesas.

“El levantamiento de pesas es algo bonito”.

Jeison, con emoción y brillo en sus ojos, recuerda las veces en las que la pesas hacían parte de su rutina. Pasó por varios deportes, incluyendo la natación, pero el único que le llamó la atención fue el levantamiento de pesas, por la sencilla razón de que el circo se lo exigió.

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Cuando sus manos se disponían a agarrar la pesada barra, se acordaba de los trapecios y cuando armaban el circo. ¿Cuándo armaban el circo? Sí, el circo se levantaba con unas varillas que se enterraban con un contrapeso. Cuando él alzaba las pesas, sentía lo mismo que cuando levantaba ese contrapeso. A veces se llenaba de rabia cuando las varillas no se enterraban, y esa misma rabia la utilizaba al momento de levantar las pesas.

Tuvo un buen resultado en Cali, pues ocupó el 4to puesto representando a la ciudad de Ibagué. Las medallas se las quitaron, debido a unos movimientos nulos que realizó. Pero a él realmente no le importó, porque las medallas y la fama, no eran su objetivo. Simplemente le gustaba, esta era la razón principal por la cual asistía a las competencias.

“Competencia”, esa palabra le trae muchos recuerdos. Cuando decide realizar actividades con los niños y menciona dicha palabra, se acuerda del levantamiento de pesas. Incluso reconoce que, si quiere tener un futuro en el deporte, debe entrenar fuerte y prepararse para próximos proyectos.

“Porque si no hay esfuerzo, no hay medalla”.

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Largas jornadas de ensayos y entrenamientos, donde no hay lugar para la distracción, una característica común en el mundo circense y en el deporte, una base indispensable para construir ese baúl de recuerdos, logros y hazañas. En el deporte no lleva mucho tiempo, pero ha aprendido algo muy importante llamado dedicación. Porque sin ella, no obtendría nada.

En el circo, el símbolo de hacer las cosas bien se reflejaba con los aplausos. Esos mismos aplausos que él ahora brinda a sus estudiantes cuando realizan bien las actividades. Eso le recuerda cuando hacía shows para el público, solo que ahora, los puestos cambiaron, y él es el espectador.  

Un espectador de ese escenario que se dividía en dos. La pista, donde toda la magia sucedía, y separado por una cortina, los camerinos, donde los nervios lo invadían por completo. Con todas las partes de su cuerpo temblando, el corazón a toda, y pequeñas gotas de sudor que corrían por su frente, salía a la arena. Soltó la barra y mantuvo su cabeza baja, con la esperanza de que, al levantar su mirada, pudiera encontrar tres banderas blancas que fueran testimonio de toda la fuerza con la que levantó las pesas.

Por un momento pensé que ya no estaba hablando con la “sabrosura”, cómo no, a nadie le gusta hablar sobre sus derrotas… cuando Jeison levantó su mirada, se encontraba con dos jueces de aspecto serio, levantando dos banderas rojas de una manera firme. El otro juez con una mirada de calma levantaba la bandera blanca, pero que no era suficiente para posicionarlo en el podio. En palabras más formales, el levantamiento había sido nulo. El silencio reinó en el lugar, el público estaba sorprendido y a Jeison la decepción se le notaba en su postura y una sonrisa fingida que no podía disimular. Pero eso no lo desmotivó, porque a pesar de que su tono de voz había cambiado, cuando revivía el momento en su cabeza, se repetía a sí mismo: “Yo no iba por medallas ni por fama, iba porque me gustaba”.

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El levantamiento de pesas le gustaba de la misma manera que sus presentaciones en el mundo circense. Jeison estaba detrás de la cortina, preparándose para su siguiente función. Escuchaba las risas del público, algunas melodías intermediarias, y divisaba un show de luces. En lo único que pensaba era en que todo le saliera bien. Que la concentración, su agilidad y destrezas no le fallaran. Que le gustara al público y que le brindaran un aplauso.

Esta vez fueron aquellas memorias las que le proporcionaron una sonrisa a Jeison, pues después de que las imágenes en donde triunfaba pasaran por su cabeza, mencionó con un brillo en sus ojos: “Cuando al público le gusta, eso es una bandera blanca”.

Las ganas y el empeño que le pone a cada cosa que hace, junto con su fuerza de voluntad, su carisma, y los valores que lleva consigo a cada parte donde va, superan cualquier medida, y no lo dice él, sino cada persona que se ha visto permeada por lo que Jeison transmite. Su apellido no es en vano, y el Largo que lleva enmarcado en su nombre lo acompaña siempre y sale a relucir con lo que hace. Al final de todo, nada se le queda corto a Jeison Largo.

Valentina Cárdenas Cadena

Andrés Mora es autor en EL IBAGUEREÑO en temas relacionados con el deporte y CrossFit, es uno de los atletas más activos en la ciudad y uno de los gestores del box Radikal Fitness.