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| 2017/10/19

En 1994 la ciudad de Ibagué sufría una de sus más volátiles y preocupantes crisis de combustible en su historia reciente. Debido a una falta de cobertura y demanda. Ecopetrol, la empresa colombiana de hidrocarburos, no logró solventar la necesidad de gasolina que tenía la Capital Musical en aquel entonces y la cual venía registrando un aumento. Respecto a esta noticia, el diario El Tiempo recogía las voces de los implicados y demostraba que en ese día “La ciudad requiere ochenta mil galones, de los cuales apenas fueron bombeados hoy treinta mil, según lo informado por los propietarios de los surtidores.

El aumento de la demanda obligó a tomar medidas urgentes por parte de las empresas, las cuales consistieron en incrementar el bombeo y el transporte del combustible, según el cubrimiento de la época. Ecopetrol tuvo que “bombear 4.000 barriles en lugar de los 3.500 acostumbrados. Sin embargo, estas medidas no evitaron que por dos días hubiese escasez, “en los pocos sitios donde se consigue, las colas son inmensas, con vehículos de todo tipo” terminaba enfatizando el diario.

Este tipo de contingencias se pensarían como cosa del pasado, sin embargo, 22 años después de dicho imprevisto causado por el aumento de la demanda en Ibagué, la capital tolimense volvía a sufrir un evento de desasosiego, esta vez por lo tremebundo de las palabras. Una coyuntura específica, una noticia desaforada y una recepción sensible, llevaron a que los ibaguereños, por más de seis horas bloquearán centrales de abastecimiento de combustible a causa de un rumor.

Población ibaguereña. Foto Alcaldía de Ibagué

El abuso de las palabras

El 15 de julio de 2016, hace más de 16 meses. Ibagué pasaba las maduras a causa de las falsas noticias. Pese a la coyuntura que vivía el país en ese instante, a razón del paro de camioneros nacional, muchas fueron las precauciones que tomaron las autoridades para no permitir el desabastecimiento de combustible en todo el territorio nacional. Sin embargo, el miedo que tenía la población por una posible eventualidad convirtió a la capital tolimense en el escenario perfecto para la divulgación de un chisme.

Este temor permitió que algunos medios de comunicación de la región entrarán en pánico y terminaran propagando una información falsa, que había sido escrutada a voces. Es decir las fuentes principales de este evento, fueron las habladurías de los café. Esto llevo a que en noticieros radiales y portales web, se tomara la información por verídica, lo que causó el desasosiego de los habitantes. Asimismo, algunos medios locales se vieron en la tarea de corroborar dicha información de inmediato, ya que la seguridad de los ibaguereños y la calma de las bombas de gasolina se estaban viendo comprometidas. Como señalaba el diario el Nuevo Día, quienes consultaron al Secretario del Interior del Departamento en dicho instante, se pedía a la ciudadanía que “antes de tomar cualquier decisión, verifiquen o confirmen con las instituciones, para evitar que alguna información o evento que se presente pueda ser relacionado con el paro camionero, y pueda generar algún tipo de alarma en la comunidad”.

Las consecuencias de la inmediatez

Esta eventualidad que se logró subsanar, permitió entender el peligro del uso de las redes sociales y las habladurías como fuentes noticiosas. No sólo la propagación de rumores falsos por plataformas como Facebook y twitter, permitieron dicho caos, sino también la predisposición de la ciudadanía a tales informes.

La creencia ciega de la población hacia los medios de comunicación y la falta de visión crítica sobre los datos que se consumen en internet, fueron el cúmulo de caracteres que llevó a las personas a llenar las bombas de gasolina en afán por abastecerse del “preciado líquido espeso”. Los ibaguereños asumían que la situación sería igual a la del país vecino de Venezuela, por lo que veían en televisión, lo cual, sumado al contexto del paro camionero, permitieron que la imaginación volará para que se llenara de violencia y supervivencia. Dos bombas de tiempo que tuvieron a Ibagué al bordo del colapso por un chisme.

Fuentes

Diario El Tiempo

Diario El Nuevo Día

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