Dirección de contenidos | El Ibaguereño
Banner
| 2017/10/31

“Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”. Esta frase célebre acuñada por el famoso conquistador Napoleón Bonaparte, hace referencia a lo costoso que puede ser repetir errores que alguien más ha afrontado en el pasado. Ahora bien, la frase más apropiada en este caso podría ser “quien no conoce su historia está condenado a perder sus raíces”. Las emisoras colombianas programan más canciones extranjeras que de artistas nacionales, como lo indica la noticia de El Espectador publicada en el año 2008, “Más de la mitad de la música que se escucha en Colombia es extranjera”. Esto demuestra que, con el paso del tiempo, la población nacional ha dejado de estimar el valor de sus raíces musicales cambiándolas por ritmos de otras culturas.

Pedro Bernardino Sosa Rubio es un abogado enamorado de los libros, la historia y las mujeres. Ha dedicado su vida al estudio de la historia, específicamente de la tolimense, como lo indica el reconocido escritor ibaguereño y cofundador de la Academia de Historia del Tolima, Carlos Pardo. Sin embargo, se pueden apreciar tres facetas de la vida de Pedro Sosa: la eclesiástica, la histórica y la musical. “Lo primero que me llamó la atención fue la parte eclesiástica porque mi padrino de bautismo era Monseñor Pedro María Rodríguez Andrade… todos creían que yo iba a trabajar como sacerdote” afirma Pedro Sosa. A pesar de lo que se creía, Pedro desarrolló un gran amor por la música mientras cursaba sus estudios en el Colegio Tolimense. “Todo empezó cuando mi papá me obsequió una marimba” señala. Allí se convirtió en un intérprete de la marimba y cantante gracias a los coros del colegio, aprendiendo distintos géneros como: bambucos, pasillos, música llanera, boleros, entre otros.

Gracias a las influencias artísticas del colegio descubrió su pasión por la parte folclórica, es por ello que años después se convirtió en secretario de la Corporación Folclórica del Tolima. Luego de graduarse del Colegio Tolimense, Pedro amplió sus horizontes buscando una universidad de renombre para comenzar sus estudios en derecho. Gracias al apoyo de su padre, Santo Sosa; Monseñor Pedro María Rodríguez Andrade y el expresidente de la república Darío Echandía, Bernardino pudo comenzar sus estudios en la Universidad del Rosario en Bogotá.

Tras cinco años de estudio, obtuvo su título como Doctor en Jurisprudencia. Y aún su pasión por la música, el folclor y la historia continuaban acompañándolo. “Desde pequeño he sentido afición por la historia, el folclor y lo artístico”, indica Pedro Sosa. En lo referente a la historia, la principal influencia que tuvo Bernardino fue su mamá, porque ella se dedicaba a la pedagogía y tenía un colegio en Ibagué. “Desde pequeño me interesaban los relatos de historia antigua, como la de Grecia y Roma”. Mientras estudiaba en el Colegio Tolimense de Ibagué, tuvo como profesor a Lucio Huertas Rengifo, un gran amante de la historia y miembro del centro de historia de Ibagué. “La amaba tanto que se sabía de memoria todas las batallas”, recuerda Pedro.

 “La música es la huella digital de los tolimenses e ibaguereños” dice Carlos Pardo. Este es un concepto que está arraigado en las experiencias de Bernardino, es por ello que cuando toma su faceta de orador como conferencista en la Biblioteca Darío Echandía dicta temas que tienen que ver con el folclor, la literatura y el arte.  “Hace falta que se haga más énfasis en nuestros ritmos tradicionales andinos”. Afirma Pedro que a pesar de que continúan las actividades musicales y las expresiones artísticas en Ibagué, están enfocadas al desarrollo e inclusión de géneros como la salsa, el rock, hip hop o el reguetón. Esto se ve reflejado en el vuelco que dio el Conservatorio del Tolima a su método de enseñanza. Años atrás se enfocaba en la sola enseñanza de la música académica o clásica europea y el desarrollo coral. Hoy día el pensum educativo de dicho lugar se ha flexibilizado cobijando otros géneros más populares como el rock y la salsa.

“En la época en que yo estaba en el colegio existía ese enamoramiento muy bonito, donde había que luchar para conquistar a la mujer” dijo Bernardino. Ese enamoramiento estaba apoyado por la música, ya que en esa época Pedro junto con sus compañeros consideraban que si estaban enamorados debían dar serenatas a esa mujer con su trío de cuerdas. “Recuerdo que yo iba a dar serenata a las muchachas con la bandola y la combinaba con tiple y guitarra” afirmó Pedro.

El deber ser de las cosas sería que, por esos hechos históricos, en Ibagué se buscara desarrollar los ritmos autóctonos como el bambuco, el pasillo, el bunde, la caña y el rajaleña. Interpretados a su vez por los instrumentos andinos como lo son el tiple, la guitarra y la bandola. A pesar de que ha sido declarado como patrimonio cultural del Tolima, “las personas que se especializan en la interpretación de la bandola cada vez son menos, aunque no se sabe si es por falta de interés de la juventud o la escasa promoción por parte de las escuelas de música regionales” afirma el señor Sosa.

En el caso del Conservatorio del Tolima, un ejemplo de la decadencia de reconocimiento es que sus coros eran reconocidos internacionalmente en países como Alemania, México, Cuba, Estados Unidos, entre otros. Todo gracias a la labor del maestro Alberto Castilla y Amina Melendro de Pulecio. Aunque, a pesar de que continúan las muestras artísticas, el desarrollo y el reconocimiento musical no es el mismo. Esto se evidencia en la desaparición de eventos internacionales como el Concurso Internacional Polifónico, en el que participaban países como Grecia, España, Italia y también los coros del Conservatorio.

Antes traían profesores de talla internacional, al Conservatorio del Tolima, de países como Alemania, España, Estados Unidos. Traían maestros reconocidos de música colombiana a dar clases como el maestro Guillermo Quevedo Seta, un zipaquireño.

Pedro Bernardino Sosa sostiene:

Yo admiro a todos los intérpretes de la música colombiana y tolimense como Garzón y Collazos, Silva y Villalba, el dueto viejo Tolima, Matraca… Es decir, yo admiro a todos los intérpretes y compositores auténticos que hemos tenido. Lo que más admiro de ellos es el amor por su tierra, por su identidad y su idiosincrasia. Porque es que estamos perdiendo mucha identidad tanto en Ibagué, como en el departamento. A razón de ello se han empezado a introducir otros ritmos foráneos que no van acorde a nuestra idiosincrasia y que, además, traen consigo mensajes vulgares y que han reducido el lenguaje a su mínima expresión.

Según Carlos Pardo hay dos cosas que mueven a muchos ibaguereños: la primera, la industria del fútbol con el Deportes Tolima, y la segunda, la música. Hubo un momento en la historia de Colombia en que la música del interior era la música nacional. En ese entonces músicos como Garzón y Collazos, Emeterio y Felipe, Silva y Villalba, eran los reyes. Luego se impuso la música vallenata y la música andina comenzó a caer en la oscuridad y a perder popularidad en la juventud y en las emisoras. A pesar de eso, la música sigue siendo fundamental para los tolimenses.

Gracias a la combinación de sus conocimientos en derecho junto con el amor por el folclor, que caracterizan a Pedro Bernardino Sosa, llegó a ocupar el cargo de secretario de la Corporación Folclórica del Tolima. Además, su amor por el periodismo y la historia lo llevó a fundar el Colegio Nacional de Periodistas en el año de 1975 y la Academia de Historia del Tolima hace aproximadamente 31 años, lugar donde aún permanece siempre atento a los espíritus inquietos por la historia y el Tolima.

Las promociones artísticas deberían hacerse mensualmente, al igual que se hace en el mes de junio con el festival de Garzón y Collazos. Al parecer existe más entusiasmo por guardar los ritmos tradicionales en los pueblos aledaños que en la capital del Tolima. Ibagué estaba conformada como ciudad musical por sus serenatas con instrumentos como el tiple, la bandola y la guitarra, a razón de esto Pedro afirma que “en la actualidad las mujeres prefieren que les den serenatas con mariachis que tocan pocas canciones y cobran caro”.

La música tradicional deja un mensaje de episodios de la vida cotidiana costumbristas e incluso del amor como ejercicio del romanticismo.  Además, son la esperanza para conservar las manifestaciones artísticas tradicionales en los primeros años de vida de los niños. “Hay que querer nuestros ritmos tradicionales e incentivar el apasionamiento a temprana edad a nuestro pueblo tolimense” indicó Pedro Bernardino Sosa.


Nota realizad por Daniel Felipe Cubillos Amaya – Redacción Periodística Semestre A 2017 , publicada originalmente en El Anzuelo Medios.

 

 

Comentarios