Óscar Daniel Rengifo, columnista de EL IBAGUEREÑO |
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| 2018/01/20

La autoridad competente del municipio, entre sus soluciones más prontas ha expresado la necesidad de un denominado “pico y placa” para motocicletas, mediante el cual se busca atacar de manera directa el incremento del tránsito por la calles Ibaguereñas de este nutrido gremio.

Si bien es cierto para los ciudadanos en general, no solo son los accidentes de tránsito el disgusto o las diferencias que se tienen con ellos, sino también  las imprudencias que comienzan al momento de sentarse sobre el timón de este medio de transporte, como por ejemplo, el parqueo indebido en todas partes de la ciudad, el exceso de velocidad, sus ruidosas modificaciones mecánicas y, la falta de cultura ciudadana son las diferencias que mas resaltan entre la sociedad ibaguereña con los moteros.

Por esto, se comparte la idea de “poner en cintura” a los conductores de motocicleta – como ciclista urbano, comparto la idea – pero al decir “poner en cintura”, no veo en el “pico y placa” la solución efectiva que necesita este problema.

Esta medida ha sido optada en varias ciudades colombianas, tanto para vehículos particulares y de servicio público, como también de carga y motocicletas. Estas últimas han logrado captar la atención de importantes observatorios de movilidad en el país, tal es el caso de Bogotá, ciudad en la cual se evaluó el comportamiento de la restricción en vehículos particulares, demostrando que la medida optada, en vez de disminuir la adquisición y circulación de automóviles en determinadas horas, lo que produjo fue la mayor adquisición de éstos con el propósito de evadir la restricción un día con el vehículo X y al día siguiente, con el vehículo Y; cabe recordar que fue con vehículos particulares.

En Ibagué será con motocicletas, las cuales tienen mayor facilidad de adquisición en el mercado actual del país, y así mismo, mayor atracción y gusto por los colombianos ya que las ciudades brindan unas condiciones de parqueo en vías públicas muy óptimas y permisibles por sus autoridades, también, sus condiciones de transporte intermunicipal son asequibles, y como si fuera poco, las estrategias de mercadeo de las compañías son exitosas.

Así las cosas, se divisa una tragedia anunciada para Ibagué en su movilidad, el panorama es desalentador como ha sido en otras ciudades colombianas, aunque la voluntad municipal por manejar el tema respectivo es alta, hay mayores opciones, las cuales pueden ser más contundentes porque si bien es cierto, la problemática afecta a la ciudadanía en general que está cansada por no ser respetada como debería en su calidad principal de peatón, en sentir que su espacio de circulación está en riesgo por la gran cantidad de motociclistas imprudentes y afanados, y de igual manera, les reduce su espacio de libre tránsito al ser ocupado por las motos en su mayor porcentaje que se estacionan allí.

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