María del Rosario Laverde trabaja como correctora de la revista Semana. Crédito: Esteban Vega | El Ibaguereño
Banner
| 2018/03/13

Es necesario tomar un turno y esperar el llamado, pero hay varios tipos de turnos. Los adultos mayores, los que van a reclamar una orden, los que solo vienen a preguntar, y es ahí cuando la cosa puede ser infinita. Siempre hay alguien que termina gritando porque solo le dieron acetaminofén o porque ha esperado por mucho rato, a veces quisiera simplemente ir a una droguería y comprar mis pastillas pero cuando recuerdo que solo pago 8.000 pesos por ellas en la EPS se me pasa.

No solo para esto tengo que esperar, en realidad el tiempo me ha hecho una experta en las esperas médicas, en las salas de espera.

Esta semana fui a reclamar una orden de mi madre en el servicio médico de la Universidad Nacional y me tocó el número 100, faltaban 98 turnos para que me atendieran, era el momento de demostrar adultez y esperar con paciencia, me provocaba dar alaridos y salir corriendo no me pude concentrar en un libro, ni siquiera en mi teléfono, solo me dediqué neuróticamente a observar la pantalla: 3, 4, 5…21…38….64…65…79…80…81….82….83…99… No señora, su orden no está lista hoy porque estamos renovando el contrato con esa institución, venga mañana. Siempre sucede algo, siempre.

El otro día que acompañaba una vez más a mi madre a uno de sus exámenes, un anciano esperaba a ser atendido, en su abrigo de color beige se notaba claramente que estaba orinado, nadie lo acompañaba. Las recepcionistas tuvieron que usar tapabocas para atenderlo, yo en mi cabeza llevaba un buen rato quejándome de tener que desempeñar el oficio de acompañante que espera, si yo misma tengo mis propias esperas, pero ese señor esperando sin nadie me dolió. Esperar puede ser lo peor, pero hacerlo acompañado o dispuesto a matar el tiempo con actitud puede mejorar sustancialmente la tarea.

Comentarios