María del Rosario Laverde trabaja como correctora de la revista Semana. Crédito: Esteban Vega | El Ibaguereño
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| 2018/01/08

No tengo por costumbre hacer grandes celebraciones de fin de año porque me cuesta ver más allá del hecho de que es un día de la semana y al siguiente es el otro, pero ¿por qué no ser un poco optimista y pensar que este sí será mi año?

Han pasado solo 8 días de 2018 y ya estoy llena de optimismo y me faltan dedos para agradecer cosas: tuve que repetir este fin de semana un examen del que salí huyendo presa del pánico en diciembre pasado y que me reveló un nuevo defecto: la claustrofobia.

Volver a intentarlo era como ir de regreso al patíbulo, pero esta vez hubo alguien que decidió ser mi muleta en el segundo intento y me sostuvo durante esos largos minutos que me permitieron completar la tarea. Sea esta la ocasión para agradecer por los ángeles terrestres que me he cruzado en la vida, que han sido muchos.

No voy a negar que he hecho planes de gimnasio, de dietas, de ahorro, de meditación, de yoga, de mejoras en el carácter, de puntualidad, de paciencia, de tolerancia, y quizás no cumpla ninguno, al menos no de manera consciente, pero me gusta eso de tratar de ser mejor persona, de devolver lo bueno que se recibe, por eso le doy la bienvenida a 2018 aunque sea un año de fútbol y política, dos temas que no me apasionan en lo más mínimo. Bueno, en realidad no puedo decir que el fútbol no me apasione, la verdad es que me mata de los nervios ver a la Selección, y sin duda terminaré viéndola.

Faltan pocas horas para que las ciudades se congestionen de nuevo y regresemos al caos de la normalidad pero ojalá regresáramos con el ánimo de intentar ser mejores, de hacer una réplica menos y dar una sonrisa de más, a ver si alguito funciona.

Quisiera terminar esta nota con una mención a Rodrigo Silva, a quien tuve la fortuna de conocer durante los años que viví en Ibagué, un ser bonito y un gran músico.

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