miércoles, febrero 21

Cambio climático, pobreza e inseguridad alimentaria: Una bomba de tiempo

Si usted se detiene a analizar la cantidad de alimentos que guarda en la nevera o alacena de su casa, seguramente notará que años atrás, se podía dar el lujo de mercar generosamente para suplir sin mayores problemas los gustos y necesidades del hogar.

Por: Alejandro Rozo.

Hoy la situación es otra, ya muy pocos jefes de hogar o madres cabeza de familia disponen del dinero suficiente para garantizar las necesidades alimenticias. El aumento del precio de la gasolina y de casi todos los productos de la canasta familiar han generado un tremendo incremento en el costo de vida de los colombianos. Si esto es real para los que tienen techo, nevera y alacena, ahora imaginemos la situación de esos casi 20 millones de pobres que viven en el país en pobreza monetaria y otro tanto en pobreza extrema.

Los coletazos de la crisis de los contenedores y la guerra Rusia – Ucrania hicieron aumentar dramáticamente los precios de los insumos agrícolas y con esto los costos de producción. En Colombia, aunque bajaron los costos de insumos y materias primas, así como la TRM (dólar), los precios de muchos de los productos de consumo se quedaron al alza, no disminuyeron, pareciera que eso de las fuerzas del mercado basadas en las leyes de oferta y demanda, no tuviera aplicabilidad en el país.

La agenda económica mundial viene mostrando una tendencia de cambio en la que la humanidad está pasando de la era digital a la de la seguridad alimentaria, pues 7.900 millones de habitantes tienen inmensas necesidades en un mundo en pleno proceso de cambio climático en el que cada día se agrandan las brechas de pobreza y necesidades básicas insatisfechas que dejan entrever la enorme necesidad de replantear los modelos de consumo y supervivencia. El consumidor final se adentra en una nueva dinámica de vida en la que pocos se podrán dar el lujo de tener el ojo más grande que la barriga al momento de ordenar y consumir.

Para 2050 se calcula que la población mundial será de 9.700 millones de habitantes, es decir, un incremento de 2.000 millones de bocas para alimentar en los próximos 26 años, por lo que el reto de producir alimentos es quizá la principal mega tendencia global en materia de seguridad alimentaria. Muchos países deben recurrir a la importación como en el caso de Colombia que importó durante el año 2023, más de 15 millones de toneladas de alimentos para garantizar las necesidades de nuestros habitantes, pues la producción nacional no satisfizo la demanda para abastecer la población en general. La FAO ha dicho que Colombia es un país en riesgo a la hora de garantizar el suministro de alimentos.

En la elaboración de los Planes de Desarrollo Territoriales y en la actualización de los Planes de Ordenamiento Territorial, se debe establecer sobre todas las cosas, la ecuación “Cambio Climático – Agua – Sostenibilidad Ambiental – Seguridad Alimentaria”, de manera que se convierta en una articulación fundamental para el desarrollo sostenible del territorio. La utilización del suelo debe ser adecuada o de lo contrario se ponen en riesgo los sistemas hídricos (cuencas, sub cuencas y micro cuencas). La ampliación de las fronteras agrícola y urbana traen consigo procesos de expansión, deforestación y procesos productivos en zonas no aptas o inadecuadas (páramos – zonas ambientales o zonas de amortiguación) con serias afectaciones al ecosistema. Es imperante que todos los departamentos y municipios del país establezcan en estos Planes de Desarrollo programas, estrategias y metas garantes de la sostenibilidad y seguridad alimentaria procurando sustituir importaciones de insumos agrícolas, materias primas complementarias, fuentes de proteína blanca utilizada en actividades pecuarias como la avicultura, porcicultura, piscicultura entre otras.

Debemos adaptarnos y aprender a vivir con lo necesario, lo que por ahora no será tan complejo. Después del año 2030, vivir en este mundo será a otro precio, beber agua potable y comer como lo hacemos hoy, será un lujo que no todos los seres humanos podremos tener. Es deber y responsabilidad ser ciudadanos del mundo, aportar cada uno un grano de arena para cuidar y preservar el planeta que también pertenece a las generaciones futuras.

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